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  • Susana Santamarina

El duelo en tiempos de COVID-19

Hoy 2 de noviembre el calendario marca la celebración del día de los fieles difuntos, por ello vamos a tratar sobre el duelo, en este año de pandemia.


Se llama duelo a la reacción psicológica de tristeza que se produce tras la pérdida de un familiar o ser querido.


El hecho de conmemorar este día forma parte de los ritos funerarios, los cuales como vamos a ver, son una parte muy importante del proceso de duelo.


En estos tiempos de COVID-19 y concretamente durante el confinamiento, el hecho de no poder despedir a los seres queridos, ha supuesto un dolor añadido que a muchas personas les ha distorsionado ampliamente la percepción de “realidad” de la pérdida.


Para estas personas ha sido muy duro no poder acompañar en la fase final de la vida a sus seres queridos. La culpa, suele ser un sentimiento habitual en el proceso de duelo, esta situación puede acentuar ese sentimiento. Sin embargo, hay que intentar ayudar al paciente a realizar un balance de la relación de toda la vida y no sólo de la fase final, además de trabajar la aceptación, recogemos esas emociones para ayudar a gestionarlas.


¿Porqué estos ritos funerarios son una ayuda tanto a nivel colectivo como individual para aceptar la pérdida?


Básicamente constituyen una pausa en la rutina para iniciar el proceso de aceptación, uno de los más difíciles. Ayudan a que, tanto de manera colectiva como en el individual, se admita la existencia de una pérdida. Nos ofrecen la oportunidad de expresar nuestros sentimientos, en este caso dolor, sin ser juzgados por ello.


El hecho de que el dolor se viva de forma colectiva también aporta consuelo. Aunque cada uno vive el sufrimiento de una manera particular, en los rituales funerarios el dolor es compartido y esto conforta. Su efecto es muy positivo, especialmente en ese momento inicial donde prima el estupor y gana fuerza la tentación de negar la realidad.


La compañía de los demás brinda la oportunidad de exteriorizar los sentimientos que se experimentan por aquella persona que se fue. Hablar de esa persona y retroalimentar mutuamente su recuerdo es algo que matiza el dolor. En ese sentido, también juega un papel terapéutico claramente eficaz en estas situaciones.

Tradicionalmente este duelo dura entre seis meses y un año, pero suele verse atenuado después de los primeros meses.


Fases del Duelo:


Desde 1969 en este campo de la psicología domina la teoría de las 5 fases del duelo, desarrollada por la psiquiatra suizo-estadounidense Elisabeth Kübler-Ross.

En su libro "Sobre la muerte y el morir" presentó este modelo general de cinco etapas de duelo que explican cómo se sienten las personas en distintos momentos de su luto y cómo tienden a actuar.


1. Etapa de la negación

Esa negación puede inicialmente amortiguar el golpe de la muerte de un ser querido y aplazar parte del dolor, pero esta etapa no puede ser indefinida porque en algún momento chocará con la realidad.

2. Etapa de la ira

En esta fase son característicos los sentimientos de rabia y resentimiento, así como la búsqueda de responsables o culpables. La ira aparece ante la frustración de que la muerte es irreversible, de que no hay solución posible y se puede proyectar esa rabia hacia el entorno, incluidas otras personas allegadas.


3. Etapa de la negociación

En esta fase las personas fantasean con la idea de que se puede revertir o cambiar el hecho de la muerte. Es común preguntarse ¿qué habría pasado si...? o pensar en estrategias que habrían evitado el resultado final, como ¿y si hubiera hecho esto o lo otro?


4. Etapa de la depresión

La tristeza profunda y la sensación de vacío son características de esta fase, cuyo nombre no se refiere a una depresión clínica, como un problema de salud mental, sino a un conjunto de emociones vinculadas a la tristeza naturales ante la pérdida de un ser querido. Algunas personas pueden sentir que no tienen incentivos para continuar viviendo en su día a día sin la persona que murió y pueden aislarse de su entorno.


5. Etapa de la aceptación

Una vez aceptada la pérdida, las personas en duelo aprenden a convivir con su dolor emocional en un mundo en el que él ser querido ya no está. Con el tiempo recuperan su capacidad de experimentar alegría y placer.


Según los expertos las personas no pasan necesariamente por todas estas etapas ni en ese orden específico, así que el duelo se puede manifestar de distintas maneras y en momentos diferentes para cada persona.


Cuando el proceso de duelo se lleva a cabo adecuadamente y no aparecen dificultades para asimilar la realidad de la pérdida, estamos ante un duelo normal o adaptativo.

Por su parte, el duelo complicado, en cambio, se caracteriza por conductas desadaptativas y sintomatología asociada, como insomnio grave, síndrome depresivo, somatizaciones o reacciones emocionales pospuestas en el tiempo, entre otros.


¿Cuál es su tratamiento?


El proceso de duelo es inevitable, y en principio no se trata de un proceso patológico. Para elaborar el duelo de manera adecuada, la persona tiene que llevar a cabo una serie de tareas que le permiten aceptar la pérdida y las emociones asociadas a ésta. Para que el proceso se realice de manera óptima, puede optar a solicitar un acompañamiento terapéutico, en el que el profesional le de soporte y le facilite la adaptación.


En los casos de duelo complicado y cronificado, se requiere una terapia psicológica más específica y, si los síntomas depresivos son claros y resistentes, será preciso asociar terapia farmacológica.


Los procesos de duelo han experimentado un interés muy especial en las consultas de Salud Mental.



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